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Chistes de cebras

Otros chistes

Chiste de funcionarios, ni√Īos, m√©dicos

Estaban en un restaurante una madre con su hijo.
En un descuido, el ni√Īo se mete una moneda en la boca y se atraganta.
La madre intenta hacerle escupir la moneda golpeándole la espalda, dándole palmadas en el cuello, sacudiéndolo, sin éxito.
El ni√Īo ya comienza a dar muestras de asfixia y la madre, desesperada, comienza a gritar pidiendo auxilio.
Un se√Īor se levanta de una mesa cercana, y con pasmosa tranquilidad, sin decir palabra alguna, le baja los pantalones a la criatura, toma sus peque√Īos test√≠culos, los aprieta con fuerza, y tira hacia abajo violentamente.
Autom√°ticamente, el ni√Īo -ante el dolor irresistible- escupe la moneda, y el se√Īor, con la misma pasmosa tranquilidad con la que se acerc√≥, regresa a su mesa sin decir palabra.
Al rato, la se√Īora, ya tranquilizada, se acerca para agradecerle que haya salvado la vida a su hijo, y le pregunta:
- ¬ŅUsted es m√©dico?
- No se√Īora, SOY FUNCIONARIO DE HACIENDA experto en tocar los cojones hasta sacar la √ļltima moneda.

Tags: monedas, madres, restaurantes

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Chiste de ancianos, largos, buenos

Un jubilado comenta:
La gente que todavía trabaja me pregunta a menudo que qué hago diariamente, ahora que estoy retirado...
Pues bien, por ejemplo, el otro día fui al centro y entré en Correos a recoger un paquete que me había llegado, sin tardar en la gestión ni cinco minutos.
Cuando salí y llegué al coche que estaba en la puerta, un Policía Local estaba rellenando una multa por estacionamiento prohibido.
Rápidamente me acerqué a él y le dije:
- ¬°Vaya hombre, no he tardado ni cinco minutos...! Dios le recompensar√≠a si hiciera un peque√Īo gesto para con los jubilados...
Me ignoró olímpicamente y continuó llenando la infracción.
La verdad es que me pas√© un poco y le dije que no ten√≠a verg√ľenza. Me mir√≥ fr√≠amente y empez√≥ a llenar otra infracci√≥n alegando que, adem√°s, el veh√≠culo no tra√≠a yo no s√© qu√© calcoman√≠a de la ITV. Entonces levant√© la voz para decirle que me hab√≠a percatado de que estaba tratando con un capullo, y que c√≥mo le hab√≠an dejado entrar en la Polic√≠a...
√Čl acab√≥ con la segunda infracci√≥n, la coloc√≥ debajo del limpiaparabrisas, y empez√≥ con una tercera.
No me achiqué y estuve así durante unos 20 minutos llamándole de todo.
√Čl, a cada insulto, respond√≠a con una nueva infracci√≥n. Con cada infracci√≥n que llenaba, se le dibujaba una sonrisa que reflejaba la satisfacci√≥n de la venganza...
Después de la enésima infracción... le dije:
- Lo siento. Lo tengo que dejar, porque... ¬°Ah√≠ viene mi autob√ļs!
Y es que desde mi jubilación, ensayo cada día cómo divertirme un poco. Es importante hacer algo a mi edad, para no aburrirme.

Tags: abuelos, jubilados, policías, multas

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