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Chistes de nubes

Otros chistes

Chiste de largos, buenos

Era el examen final de inglés en la facultad. Como muchos de los exámenes universitarios, su principal objetivo era eliminar a los nuevos estudiantes. El examen duraba dos horas y cada estudiante recibió su correspondiente hoja de examen con las preguntas.
El profesor era muy recto y severo, catedrático a la antigua usanza, y le dijo a toda la clase que si el examen no estaba sobre su mesa después de dos horas exactamente, no se aceptaría, y el estudiante sería suspendido.
Media hora después de empezar el examen, un estudiante entró por la puerta y le pidió una hoja de examen al profesor:
- No va a tener tiempo usted para terminarlo, dijo el profesor al d√°rsela.
- Si que lo terminaré, contestó el estudiante.
Se sentó y empezó a escribir. Después de dos horas, el profesor pidió los exámenes, y todos los estudiantes, en ordenada fila, los entregaron. Todos menos el que había llegado tarde, que continuó escribiendo como si nada pasase.
Despu√©s de otra media hora, este √ļltimo estudiante se acerc√≥ a la mesa donde se encontraba el profesor sentado leyendo un libro. En el instante en que intent√≥ poner su examen encima del mont√≥n, dijo el profesor al alumno:
- Ni lo intente. No puedo aceptar eso. Ha terminado tarde.
El estudiante lo miró furioso e incrédulo.
- ¬ŅSabe qui√©n soy? -le pregunt√≥-.
- No, no tengo ni la menor idea -contestó el profesor en tono de voz sarcástico-.
- ¬ŅSabe qui√©n soy? -pregunt√≥ nuevamente el estudiante, apunt√°ndose a su propio pecho con su dedo, y acerc√°ndose de manera intimidante-.
- No, y no me importa en absoluto -contestó el profesor con un aire de superioridad-
En ese momento, el estudiante cogió rápidamente su examen y lo metió en medio del montón, entre todos los demás.
- ¡Eso es perfecto! -exclamó-.
Y se marchó.

Tags: estudiantes, profesores

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Chiste de funcionarios, ni√Īos, m√©dicos

Estaban en un restaurante una madre con su hijo.
En un descuido, el ni√Īo se mete una moneda en la boca y se atraganta.
La madre intenta hacerle escupir la moneda golpeándole la espalda, dándole palmadas en el cuello, sacudiéndolo, sin éxito.
El ni√Īo ya comienza a dar muestras de asfixia y la madre, desesperada, comienza a gritar pidiendo auxilio.
Un se√Īor se levanta de una mesa cercana, y con pasmosa tranquilidad, sin decir palabra alguna, le baja los pantalones a la criatura, toma sus peque√Īos test√≠culos, los aprieta con fuerza, y tira hacia abajo violentamente.
Autom√°ticamente, el ni√Īo -ante el dolor irresistible- escupe la moneda, y el se√Īor, con la misma pasmosa tranquilidad con la que se acerc√≥, regresa a su mesa sin decir palabra.
Al rato, la se√Īora, ya tranquilizada, se acerca para agradecerle que haya salvado la vida a su hijo, y le pregunta:
- ¬ŅUsted es m√©dico?
- No se√Īora, SOY FUNCIONARIO DE HACIENDA experto en tocar los cojones hasta sacar la √ļltima moneda.

Tags: monedas, madres, restaurantes

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